domingo, 9 de julio de 2017

No lo hagas.

No me hagas ésto. No me obligues a ilusionarme con tu nombre en mis mensajes; no me hagas esperar una respuesta casi espontánea. 

No me hagas ésto. No me mires como antes, como cuando fuimos dos extraños queriendo encontrase; no me hagas recordar la vez que vimos a la lluvia desenmascararse. 

No me hagas ésto. No te alejes y me hagas extrañarte; no me invites a imaginarte en mis mejores momentos, y en el peor de los tormentos. 

No me hagas ésto. No te vayas como si nada, no regreses si no traes calma; no me obligues a pensarte de forma por demás voluntaria. 

No me hagas ésto. No me quieras a medias tintas, a medias veces; no utilices la distancia de pretexto, que no hay peor separación que la existente entre nuestros labios ahora mismo. 

No me hagas ésto. No te fijes en lo que escribo para ti; no leas entre líneas que en realidad lo que sucede es que me vuelvo loca por ti. 

domingo, 25 de junio de 2017

No eres tú, soy yo.

No eres tú, soy yo. Soy yo que me alejo, y me gusta volver de pronto. Soy yo que te tengo, y me gusta perderte un poco.

No eres tú, la incondicional; la que me escucha, la que me acompaña aún cuando estoy lucha. 

No eres tú, soy yo. Soy yo que me desquicio; soy yo, porque eso de huir se me ha vuelto ya un vicio.

No eres tú, la que insiste; la que existe aún cuando me enojo o cuando estoy triste.

No eres tú, soy yo. Soy yo que no quiero arriesgarme; soy yo, porque he aprendido a no a desgarrarme.

No eres tú, la que me quiere; la que me abraza y me defiende de aquel que me hiere.

No eres tú, soy yo. Soy yo que no quiero confiar; soy yo, porque todo lo que he hecho ha sido fallar.

No eres tú, soy yo. No eres tú la que quiero. Soy yo quien se va. 

sábado, 24 de junio de 2017

¿Te quedarías si te lo pido?

¿Te quedarías si te lo pido? ¿Permitirías que la sensación de complicidad te inunde de nuevo?

¿Te quedarías si te lo pido? ¿Irías armando una pieza musical con todo y nuestros errores?

¿Te quedarías si te lo pido? ¿Arriesgarías tu verdad por nuestras preguntas?

¿Te quedarías si te lo pido? ¿Serías inevitable en mis peores ratos?

¿Te quedarías si te lo pido? ¿Me dejarías ser en ti y en tus defectos?

¿Te quedarías si te lo pido? ¿Abrazarías nuestros miedos para hacerlos cuajar?

¿Te quedarías si te lo pido? ¿Tomarías mi mano sin tomarle importancia a nuestro "título"?

¿Te quedarías si te lo pido? ¿Soportarías tanto cariño para recibirlo de mí?

¿Te quedarías si te lo pido? Por favor, deja de huir.

Para ti.

No noté cuándo es que te fuiste. No noté a partir de qué momento tu interés comenzó a esparcirse.

Tuvimos un encuentro fugaz... Una forma bonita de mirarnos sin pensar. Esa noche los dos perdimos el suelo y el cielo; esa noche fuimos más y menos de lo que habíamos tenido. 

Terminamos en tragedia; supimos que lo nuestro no tendría otro final que el de una mala comedia. 

Compartimos la desgracia de nuestros cuerpos separados; te negaste a averiguar si el calor en mis brazos podría dejarte curado. 

Pensaste en mí. Pensaste en ti. Quizá no te gustó saberme tuya. Quizá no te importó ser el alma que me arrulla. 

Te tengo en mí. Me di cuenta tarde. Te fuiste ese día; te fuiste y no sabes que tengo un "te quiero" en la garganta. Un "te quiero" que todavía me arde. 

viernes, 14 de abril de 2017

Actual.

Cómo la vida pasa tan rápido que, sin darnos cuenta, en menos de un minuto ya nos equivocamos dos veces; o que quizá, nuestro enamoramiento sólo ha durado algunos meses.

Las decisiones son caminos y también tienen baches; las decisiones son también pruebas, y de igual forma pueden tener taches.

Las impresiones se terminan, y cuando menos piensas, también intimidan; el ego viene desenvuelto, y ni siquiera parecen notarlo, como si tuvieran el pensamiento todavía muy revuelto.

Inagotable es la existencia de etiquetas, pero inexistentes las insignias cuando al fin logras tu meta. Se escapan por el retrovisor los errores del pasado, y se nubla la vista, como si el desenfreno nos hubiera alcanzado.

La inmediatez de las respuestas es prioridad que viene envuelta; risas y halagos son medio para conseguir el objetivo, para terminar con alguien a quien hablabas en diminutivo.

No te quedes con las ganas; no esperes para reaccionar hasta que ya tengas unas cuantas canas. No mires a los demás por encima; mira tu realidad, que no es tan distinta a la mía.

jueves, 13 de abril de 2017

La calle de la humildad || La humildad de la calle

Llegué a la universidad sin ganas de escuchar, de conversar, o de anotar. Llegué a la universidad sin saber que iba a toparme con la más fiel muestra de la humildad. 

Perdía el tiempo en la fila del Pumabús, cuando de repente, en la banca estaba una figura amable, haciendo florecitas de metal a contraluz. 

Me acerqué con sigilo para no incomodar; pero poco a poco me comencé a acercar. "Qué lindas te quedan", le dije. Y con asombro asintió sonriendo. Es Brian, no Brayan, y mucho menos EL Brayan, me advierte. 

Brian salió de su casa a los 17, cuando estudiaba en la Vocacional núm. 7; empezó a ser roomie, y a mantenerse por sí mismo. Ahí fue donde conoció a su amigo (cuyo sobrenombre no recuerdo), quien le enseñó a trabajar el metal en las latas, y convertirlo en detalles sin igual.

Desde que terminó el bachillerato se ha dedicado a vender flores y detalles en las calles; ha estado caminando la ciudad, el país. Conoce Puebla, Querétaro, Nayarit, Oaxaca, Sonora, Guerrero, Veracruz, y Aguascalientes; el amor a "sus flores" le ha permitido viajar, comer, vivir, y aprender de la vida.

Se dedica a eso, y a recolectar la comida que "es un desperdicio" en las tiendas de autoservicio, y en los supermecados; "Siempre tiran comida que todavía sabe rico", agrega. ¿Para qué quiere una sola persona tanta comida? Para repartirla con quienes todavía no saben ganarse la vida; con quienes lo que han ganado es no encontrar la salida.

Niños y jóvenes agradecen su solidad; recompensan su acción al no tratarlo con maldad. Los separos lo han resguardado un par de veces; pero su libertad sin monedas de por medio ha sabido ser su mejor carta en el juego.

Vende flores, y vende pasión al quehacer diario; vende flores, y con ello miles de historias emarcadas pedazo a pedazo. Su mochila es la mejor pareja que ha tenido: su cobija, sus artículos de aseo personal, y su necesidad de nunca dejar de andar.

La arrogancia ha tocado a su puerta; la disonancia de que quienes no tienen valores sean los que vienen saliendo hasta de una escuela. Aprovecha el capitalismo propagado en las calles, y a sus creaciones deja las marcas de las latas, como un detalle.

La calle es su compañera, es lo que le ha servido de escalera sin perder el piso. La calle de la humildad le ha brindado algo más que en su hogar; la humildad de la calle es lo que él ha pretendido rescatar. 

Sábado 25 de marzo.

La mañana iba bien; empezó ajetreada, pero nada que no pudiera disfrutarse. No podría ir al festejo de mi mejor amigo, porque mi salud no era óptima; primera señal. Le llamé para disculparme, y quedamos de vernos en la tarde, para entregarle su regalo; ya que durante ocho años de amistad jamás le he comprado algo, y ya quería hacerlo.

Después ya no; no se pudo. Quedé de salir con otra persona que hace tiempo no veía; que francamente mucha falta me hacía. La cita estaba lista, y parecía que todo estaba perfecto, hasta e el cielo, nuestra vista.

Llegué con retardo, pues el Metro iba lento, había un imprevisto, y todo se había retrasado. Me esperó durante más de veinte minutos; el calor estaba arriba de nuestra cien, ya parecía hasta un insulto.

Decidimos comer pizza; exótica, extravagante y personal; todo combianaba con nuestras ganas de estar. Las horas se nos fueron comiendo, y sin darnos cuenta, de pronto ya estaba lloviendo.

De noche tendría una cita familiar, por lo que no podíamos esperar a que la lluvia decidiera cesar. Salimos del lugar, y caminamos a prisa; mi peinado y maquillaje ahora estaban sobre mis mejillas; tuve que doblar mi pantalón, y ponerme en cuclillas.

Caminamos entre charcos, y todo estaba disparatado. Por primera vez, coloqué mis pertenencias en la bolsa de mano; como si no supiera que hay que tomar precaución ante cualquier aprovechado. Un cruce de calle entre la lluvia y la segunda cita con retardo; un cruce de calle y mi celular estaba en manos de alguien con poco juicio que aprovechó que no tuve reguardo.

Sin maquillaje; sin festejo de amigo; sin cita familiar; sin celular, y ya casi sin ganas de confiar en la humanidad. Así ese sábado 25 de marzo.