martes, 13 de febrero de 2018

No creo que sea verdad.

¡Vaya desayuno! Ni siquiera son las seis de la mañana, y el viento helado en mi cara ya me dio "Los buenos días". Nada, comparado con el sobresalto antes de las siete. 

Camino al lado de mi madre; tenemos miedo, pero ella siempre es valiente, siempre va tranquila. Decide acompañarme todos los días como si cuidara del bebé apenas nacido que fui alguna vez. 

La calle se mira desolada, y se escucha el maullar de algunos gatos. Caminamos en línea recta a mitad de la calle... "A esta hora, ni los borrachos andan manejando", piensa mi madre en voz alta. Llegamos al fin, miramos atrás y hay un eco de soledad que inunda la calle.

No es tarde pero llevamos prisa. Mi madre es nerviosa: cuanto antes nos vayamos, mejor. Siempre tomamos tiempo para elegir cuál unidad de transporte tomar, pero está vez ya habíamos dejado pasar al menos tres combis.

"Ya vámonos en esta", dice sin mirarme, y alzando su brazo hacia la carretera. Se detiene el conductor, abre la puerta para que podamos subir. Luces neón al interior, música a todo volumen, el frío, y la mala suerte.

Un hombre sentado justo en la entrada le extiende la mano a mi madre, y la ayuda a subir: "Pásele, seño", dice amablemente respondiendo al "Buenos días, gracias" que ha dicho mi madre.

Me siento junto a la ventana porque no hay otro lugar. Odio realmente este rincón: mis piernas apenas caben, voy apretada. Mamá quedó al lado mío, apretada también. 

domingo, 31 de diciembre de 2017

Gracias extraño.

Extraño platicar hasta largas horas de la noche sentados en la banqueta. Extraño que cantemos cursilerías en cada llamada telefónica a cualquier hora.

Extraño también poder hablarte de cualquier cosa; extraño escucharte, y extraño saber que cuento contigo.

Extraño que cada domingo tengas algo listo para mí, y lo lleves hasta mi casa. Extraño tus regalos y sorpresas en mi cumpleaños.

Extraño que nos acompañábamos a cualquier lugar. Extraño bailar contigo hasta canciones de cuna: en la calle, y en las fiestas, en cualquier parte.

Extraño reír a carcajadas sin que nada importara; extraño también nuestras bromas pesadas.

Extraño mirarte esperando en la puerta de mi casa cada inicio de año; extraño que me esperes con un dibujo tierno "para iniciar el año bien".

Extraño nuestro cariño inocente. Extraño el amor que poco a poco se volvió inexistente. 

Querido alguna vez:

Querido alguna vez:

Sé que te has sentido confundido, y que piensas que todo esto ha sido para mal; quiero decirte que es temporal —como todo— y que cualquier cambio que experimentes será para bien, aunque estés cansado de escucharlo.

La bruma es señal de progreso, de aventura, y de verdad tras la oscuridad. Honra lo que tienes, y trabaja duro por lo que quieres, y no dejes que tus anhelos te vuelen la cabeza.

No acabes con los que te rodean: no crees expectativas donde no las hay; no ruegues lo que no te corresponde; y no pidas lo que no has sido capaz de dar.

Cuídate y quiérete, pero no uses eso de pretexto para herir a alguien más. Ama y ríe en serio, más que en serie. Abraza todo lo que quieras, pero no poseas a nadie.

Disfruta hasta el último instante; celebra cuanto quieras, y no guardes más de la cuenta.

Escúchate. 

viernes, 22 de diciembre de 2017

Pérdida

Apenas puedo pensar en que algo me hace falta. Esta sensación de pérdida me consume el alma, y me brota las lágrimas más espesas.

No entiendo por qué, ni cómo, pero algo me falta. Mi alma está en vela, mi cuerpo ya no. Mi pecho se agita sin moverme, apenas casi al respirar. 

No somos nada. No fuimos algo. No sé quién eres, ni por qué ahora siento que quizá te estoy extrañando. 

Es coraje de nostalgia. Es tropiezo emocional. Me acabo de sentir incompleta, extraña, ajena a lo que dije que no quería. 

No hay explicación pero te siento tan sin mí. Te estoy buscando como me dije que no lo haría; ¿te estoy buscando?

Mil mensajes he dejado en mi pensamiento. Los guardo para cuando vengas. Los guardo para cuando dejé de sentir que te perdí. 

domingo, 19 de noviembre de 2017

Sentimientos en subasta.

No estamos dispuestos a errar. Ponemos muchas trabas a quienes intentan entrar.

Desconfiamos de las emociones; a veces somos asesinos de ilusiones.

El amor es vanidad;la sinceridad se ha vuelto caridad.

La compañía es un lujo, y los estragos del ayer la hacen desvariar. 

Lo mejor de las personas puede ser tan material, que las palabras bonitas ya son eso, y nada más. 

Inseguridad en lo que quieres, severidad en lo que hieres. 

Intenciones por mitad; pretenciones con maldad. 

Entregarse en corazón ya no basta, cusndo tienes frente a ti sus sentimientos en subasta.  

Mejillas de constelación

Un gusto peculiar por observar sus mejillas. Una idea singular sobre lo bello de sus pecas.

El sazón de su risa. El sabor de su voz. El color de su aliento. El dolor de su adiós.

Las tardes en sus brazos. Lo fuerte de sus abrazos. El mejor de los regalos. La peor decisión. 

Su adicción por las selfies. La repulsión por el amor. Su paciencia en la espera. El peor anfitrión. 

La forma de sus besos. Lo intenso de su ayer. Sus palabras precisas. Su inevitable reacción. 

Sus metas admirables. Su ego insaciable. Las mentiras que dijo; lo que no dije yo. 

Su voz en el teléfono. Nuestra vaga ilusión. 

Su tema de conversación. Mis mejillas de constelación. 



viernes, 17 de noviembre de 2017

Tanto.

Tenía tanto qué decirte, que las palabras se amontonaron en mi garganta, y ya no pudieron salir.

Tenía tanto qué escucharte, que ninguna llamada pudo compensar lo irremediable, y te marchaste.

Tenía tanto qué preguntarte, que apenas ordené mis interrogantes, y no supe por dónde empezar.

Tenía tanto qué responderte, que mis explicaciones fueron vagas, e insuficientes.

Tenía tanto qué enseñarte, que ni tiempo me dio de preguntarte si lo sabías, si creías que te gustaría.

Tenía tanto qué aprenderte, que te admiré de más, y me perdí entre tu encanto.

Tenía tanto qué pedirte, que me quedé con ganas de todo, y de ti.

Tenía tanto qué entregarte, que te ofrecí a manos llenas, y te empalagaste de mí.