Entradas

Realidad de película.

Corrimos con fuerza. Creo. No había cansancio, ni frío. El miedo a morir en manos de unos delincuentes fue el despavilo de aquella mañana. Llegamos a una avenida llena de autos y pánico matutino. No sabíamos si voltear, no sabíamos si irnos. No sabíamos si era verdad. El episodio de gritos y golpes fue tan eterno y tan fugaz a la vez... ¿Qué cambió esa mañana? ¿Por qué? Buscábamos un taxi, sólo queríamos huir. De pronto al fondo de la calle se escuchó el derrapar de unas llantas... Ensordecedor... Incierto. Volteamos casi por instinto, sin medir las consecuencias. No había nadie. No estaba en vehículo del que nos bajaron... No estaba la vida que teníamos antes de ese día. Las lesiones emocionales eran tan graves como las físicas. Llegamos a una clínica para que atendieran las heridas de las otras... Para pedir ayuda. Para buscar refugio. En un momento todos los desconocidos éramos ya casi una familia. Viajamos juntos, sufrimos juntos, denunciamos juntos. Muchas preguntas. Mucho...

Amor en borrador

Nos escribimos en sucio. Dejamos que los errores se acumularan y nos hicieran quedar mal. Dejamos las correcciones para el final, dejamos que cada tropiezo al redactar fuera letal. Nos escribimos con mala caligrafía. Descuidamos la forma y perdimos el fondo. Nos quisimos al azar, nos quisimos aún cuando sabíamos que nos podíamos lastimar. Nos escribimos en una hoja suelta. Nos deshicimos de todo lo que nos mantenía unidos. Dejamos que las cosas fluyeran sin siquiera detenernos a mirar hacía dónde íbamos. Nos escribimos como cuartilla incompleta. Cada uno en su renglón, de pronto, sin compartir ninguna intención. Nos escribimos con tinta indeleble. Nos marcamos el corazón y los besos. Nos volvimos parte del otro cada vez más. Nos escribimos sin ortografía. Nos atendimos entre la prisa y las ganas, entre el deseo y el miedo a ser. Nos equivocamos, y no supimos retroceder. Nos escribimos a media tinta. Quisimos tanto y dimos tan poco. Ambicionamos más del otro, y encontramos n...

La complejidad de la calle / La calle de la complejidad

No hay espacio suficiente para pasar. Entrando a Ciudad Universitaria, un hombre en el suelo, recargado sobre su mochila “de campamento” –por su enorme tamaño– entorpece el paso para abordar el Pumabús. Tiene los dedos lacerados y, entre las piernas, un montón de latas vacías. “Mira qué basurero”, dice algún indignado que intenta pasar por ahí, sin conseguirlo. Lo que algunos llaman “basura” ha sido su materia prima en los últimos ocho años. Brian es un joven – aunque no lo parezca–  que vive en la calle desde los 17, cuando dejó su casa "casi cuando iba a terminar la vocacional" en el CECyT No.7 del Instituto Politécnico Nacional. Desde entonces, su mochila es la relación más estable que ha tenido: lo acompaña con una cobija, artículos de aseo personal, una botella con agua, noventa pesos y su necesidad de no dejar de andar. En un compendio publicado por Ednica, organización no gubernamental encargada de trabajar con comunidades en...