¿Te puedo dar un beso?... Se quedó pasmado mirándome. "Ay, niña... ¿Cómo me pides un beso tú a mí?".
Sentados esperando la comida, fuimos cómplices de la trama. Asintió tiernamente y me devolvió la valentía al alma.
Sus labios pronunciados abrazando los míos mientras nuestras manos se sujetaban firmemente. Qué nervios.
No sabía lo que hacía. Pero sabía bien lo que quería: sus besos en los míos por el mayor tiempo posible.
Me sale natural la coquetería. No necesito practicar, no necesito ser bonita. Qué bien se siente la confianza, la complicidad.
Qué bien se siente tu mano enlazada con la mía al caminar.
Ninguno de los dos sabe bailar. Pero, ¿saben? Creo que es mi lugar favorito para estar.
Qué difícil son los días cuando llegan y no está. Qué bonito fue aquel día, pues lo quise, de verdad.
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lunes, 12 de noviembre de 2018
Aquí
Aquí, aquí se te piensa todos los días. A veces de pronto, y otras muy pronto. Cuando miro a alguien sonreír. Cuando busco un gesto feliz. Cuando no existe nadie junto a mí.
Cuando escucho una canción, o cuando cantando te encuentro entre las letras. Cuando escribo frente al monitor, o cuando la pluma se realiza en mi mala caligrafía.
Cuando pienso en el futuro. Cuando llego a casa después de un día duro.
Aquí, se te extraña todos los días. Algunas veces de forma explícita, y otras cuantas de manera ilícita. Cuando te lleno de mí hasta el hartazgo. Cuando me convenzo de que ya no vernos ha sido un trato.
Cuando cierro los ojos y te pienso conmigo. Cuando en sueños revivo aquello que vivimos. Cuando me preguntan cómo estoy. Cuando quisiera contarte lo bien que me ha ido hoy.
Cuando te veo feliz a lo lejos. Cuando por más que trato no logro ser amiga de los recuerdos.
Aquí, se te quiere aunque no quiera. Aquí se te quiere aunque a veces duela.
Cuando escucho una canción, o cuando cantando te encuentro entre las letras. Cuando escribo frente al monitor, o cuando la pluma se realiza en mi mala caligrafía.
Cuando pienso en el futuro. Cuando llego a casa después de un día duro.
Aquí, se te extraña todos los días. Algunas veces de forma explícita, y otras cuantas de manera ilícita. Cuando te lleno de mí hasta el hartazgo. Cuando me convenzo de que ya no vernos ha sido un trato.
Cuando cierro los ojos y te pienso conmigo. Cuando en sueños revivo aquello que vivimos. Cuando me preguntan cómo estoy. Cuando quisiera contarte lo bien que me ha ido hoy.
Cuando te veo feliz a lo lejos. Cuando por más que trato no logro ser amiga de los recuerdos.
Aquí, se te quiere aunque no quiera. Aquí se te quiere aunque a veces duela.
miércoles, 7 de noviembre de 2018
No hay.
No hay historias que contar.
No hay aventuras por buscar.
No hay letras que escribir.
Ni palabras para decir.
No hay abrazos más que dar.
No hay sollozos que ocultar.
No hay pruebas por superar.
Ni recuerdos por olvidar.
No hay hojas que arrancar.
Ni heridas para cicatrizar.
No hay momentos que guardar.
Ni sentimientos sin final.
jueves, 25 de octubre de 2018
Roto.
"No perdí la esperanza, sé perfectamente quién la tiene", leí antes de que se me terminara de romper el corazón.
¿Absurdo? Sí. Así suena esa burda y cotidiana expresión. ¿Realmente se puede romper un corazón?
Uno piensa que no. Hasta que le sucede.
Hasta que sientes ese hueco que apenas te deja respirar. Hasta que lloras y lloras y no logras sanar.
Hasta que cada palabra te hace sangrar. Hasta que cada recuerdo te empieza a quemar.
Hasta que en días y noches no dejas de pensar. Hasta que tu inteligencia se empieza a esfumar.
Hasta que pierdes el tiempo buscando respuestas. Hasta que caes en cuenta que no traes las agallas bien puestas.
Hasta que te condenas a tener culpa. Hasta que notas ridículo aceptar sus disculpas.
Hasta que las canciones te saben podridas. Hasta que las intenciones caducan en heridas.
Hasta que pierdes de vista lo que solías ser. Hasta que dejas tu vida por tratar de volver.
Uno piensa que son tonterías de las historias dramáticas. Uno piensa que nunca le va a pasar.
¿Absurdo? Sí. Así suena esa burda y cotidiana expresión. ¿Realmente se puede romper un corazón?
Uno piensa que no. Hasta que le sucede.
Hasta que sientes ese hueco que apenas te deja respirar. Hasta que lloras y lloras y no logras sanar.
Hasta que cada palabra te hace sangrar. Hasta que cada recuerdo te empieza a quemar.
Hasta que en días y noches no dejas de pensar. Hasta que tu inteligencia se empieza a esfumar.
Hasta que pierdes el tiempo buscando respuestas. Hasta que caes en cuenta que no traes las agallas bien puestas.
Hasta que te condenas a tener culpa. Hasta que notas ridículo aceptar sus disculpas.
Hasta que las canciones te saben podridas. Hasta que las intenciones caducan en heridas.
Hasta que pierdes de vista lo que solías ser. Hasta que dejas tu vida por tratar de volver.
Uno piensa que son tonterías de las historias dramáticas. Uno piensa que nunca le va a pasar.
martes, 23 de octubre de 2018
Reclamo.
No, por favor, otra vez no.
Dijiste que ya no lo harías. Dijiste que te alejarías.
Dijiste que lo dejarías, que ya no lo recordarías.
Dijiste que no llorarías, y que del alma te lo arrancarías.
Dijiste que ya no buscarías, que por fin te resignarías.
Dijiste que más no le escribirías, y que sus fotos ya no mirarías.
Dijiste que no lo stalkearías, y que de pensarle por fin dejarías.
Dijiste que ya no lo harías. Dijiste que te alejarías.
Dijiste que lo dejarías, que ya no lo recordarías.
Dijiste que no llorarías, y que del alma te lo arrancarías.
Dijiste que ya no buscarías, que por fin te resignarías.
Dijiste que más no le escribirías, y que sus fotos ya no mirarías.
Dijiste que no lo stalkearías, y que de pensarle por fin dejarías.
lunes, 17 de septiembre de 2018
Sí.
"...lo que sucede con los deseos del corazón
es que tu corazón ni siquiera sabe lo que
desea hasta que lo tiene enfrente."
Sí. Porque lo que siento es alegría.
Sí. Porque lo que quiero es darte compañía.
Sí. Porque no importa la agonía.
Sí. Porque no habrá razón por la que huiría.
Sí. Porque no tengo lugar para la cobardía.
Sí. Porque todas las metas junto a ti cumpliría.
Sí. Porque todos tus miedos apaciguaría.
Sí. Porque sobre tus hombros me abalanzaría.
Sí. Porque ante la neblina tu mano sostendría.
Sí. Porque tantas palabras jamás alcanzarían.
17
11 A.M. ¿Por qué no has llegado? ¿Es, acaso, que no sabes cuánto te extraño? ¿Y si ya no quieres verme? ¿Me veo linda?
Llamaste. ¡Oh, ahí estás! Qué bien te quedan esos lentes de sol. Qué bien luces con tu camisa tradicional. Qué bonito sonríes cuando me miras. ¿En qué momento te he querido tanto?
Nunca voy a olvidar el aroma en tu auto... Huele a tu presencia. Hoy me recuerda tu ausencia. Pero seguirá, siempre, funcionando como anestesia.
Ya vamos, en camino a recorrer el mundo. Qué bien se siente el viento en la cara, cuando te da con tanta honestidad. Qué bien luce la carretera cuando te diriges hacia la inmensidad.
Nos perdimos... Nunca sentí tanta tranquilidad al no saber en dónde estaba. Nunca pensé disfrutar tanto de un paisaje desconocido... Nunca pensé estar tan feliz avanzando casi sin rumbo.
Muchas vueltas. Casi tantas como las que sentí en mi corazón. Llegamos. Qué rica malteada. Qué dulce tu voz.
Sujetas mi mano como si fuéramos los dos contra todo. Como si quisieras sacarme del lodo. Qué fortuna reír a tu lado. Qué paz mirarte feliz.
Los altos en el semáforo me dejan mirar bien la forma de tus cejas. Lo profundo de tus ojos. Lo sublime de las curvas tus labios.
Qué metódico eres. Qué armónico sientes.
Me gusta escuchar tus historias. Me gusta aprender de ti. Me gusta escuchar lo que sabes, sostener tu mano, y decirte sonriendo que "sí".
Qué inteligente eres. Qué exigentes seres.
"¡Salud!" con agua mineral y maracuyá. Salud por esta vida que tanta alegría me da.
El camino parece largo. Pero no tengo prisa, no importa el retardo.
Te canto sin sentido. Espero te haya parecido divertido. Te abrazo y te miro. ¿En qué momento nos convertimos en todo, todo lo que siempre quisimos?
Dos vueltas torpes. Dos besos nobles.
Seis horas dobles. Un corazón enorme.
Llamaste. ¡Oh, ahí estás! Qué bien te quedan esos lentes de sol. Qué bien luces con tu camisa tradicional. Qué bonito sonríes cuando me miras. ¿En qué momento te he querido tanto?
Nunca voy a olvidar el aroma en tu auto... Huele a tu presencia. Hoy me recuerda tu ausencia. Pero seguirá, siempre, funcionando como anestesia.
Ya vamos, en camino a recorrer el mundo. Qué bien se siente el viento en la cara, cuando te da con tanta honestidad. Qué bien luce la carretera cuando te diriges hacia la inmensidad.
Nos perdimos... Nunca sentí tanta tranquilidad al no saber en dónde estaba. Nunca pensé disfrutar tanto de un paisaje desconocido... Nunca pensé estar tan feliz avanzando casi sin rumbo.
Muchas vueltas. Casi tantas como las que sentí en mi corazón. Llegamos. Qué rica malteada. Qué dulce tu voz.
Sujetas mi mano como si fuéramos los dos contra todo. Como si quisieras sacarme del lodo. Qué fortuna reír a tu lado. Qué paz mirarte feliz.
Los altos en el semáforo me dejan mirar bien la forma de tus cejas. Lo profundo de tus ojos. Lo sublime de las curvas tus labios.
Qué metódico eres. Qué armónico sientes.
Me gusta escuchar tus historias. Me gusta aprender de ti. Me gusta escuchar lo que sabes, sostener tu mano, y decirte sonriendo que "sí".
Qué inteligente eres. Qué exigentes seres.
"¡Salud!" con agua mineral y maracuyá. Salud por esta vida que tanta alegría me da.
El camino parece largo. Pero no tengo prisa, no importa el retardo.
Te canto sin sentido. Espero te haya parecido divertido. Te abrazo y te miro. ¿En qué momento nos convertimos en todo, todo lo que siempre quisimos?
Dos vueltas torpes. Dos besos nobles.
Seis horas dobles. Un corazón enorme.
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