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martes, 12 de julio de 2016

Llamada en espera

¿Sigues ahí? Yo esperaría que sí. Después de todo, son casi las 3:00 y ya ni la prisa nos acompaña. Estamos solos, escuchando el respirar uno del otro.

Se siente bien estar aquí. Se siente bien que después de un par de carcajadas por fin nos quedemos quietos; que nos quedemos. Dices que mi voz te recuerda a la de alguien; también has dicho que te gusta o algo así, que no es lo más importante. Lo más importante es que me escuchas y te escucho.

Después de los 60 minutos, y a estas horas, el sueño ya nos hace interferencia; pero seguimos atentos, seguimos en espera. Es cómodo saber que no se necesita del estado físico para acompañar a alguien.

Un ruido amenaza con que ya estés durmiendo, pero sólo eres tú acomodándote el teléfono. Uno más, y casi me rindo; pero no. Suspiras, y haces algún comentario al azar... Otro suspiro: ahora sé que estás durmiendo.

Nos quedamos en espera, y después sólo yo. Era evidente que uno sería más débil, pero ninguno compitió por ello. Después de todo, estas llamadas a mitad de la noche te hacen esperar un poco menos el amanecer. 

jueves, 16 de junio de 2016

Espera anónima


Ni siquiera sé por qué sigo esperando. Ni siquiera sé si a quien espero vendrá, alguna vez. Pasa que no quisiera irme, y abandonar este deseo de que esté conmigo; pero, si me quedo, igual nada me garantiza que eso suceda. Es fácil pensar que desperdicio mi tiempo, pero no quiero verlo de esa manera. 

No sé si se trata de un amor romántico como el que aparece en todos lados; no creo que así sea. Esto es un amor de esos cotidianos que todas las personas deberían atreverse a sentir. 

La espera agota cuando uno se dedica sólo a eso; es por eso que en mi espera he decidido atreverme a llamarla, a dedicarle momentos, a no hacer de esta espera un martirio, una penitencia. 

Lo complicado de esperar algo amado es amargarse en el trayecto; nadie nos obliga a hacerlo, pero aún así nos place buscar culpables... La culpa la tiene este gusto mío por su compañía, aunque intermitente, tan placentera. 

Me gusta creer que vendrá, y que también anhela mi compañía... De nuevo, pierdo el tiempo hablando de esta espera anónima, pero de verdad: no puedo irme como si nada. No puedo actuar como lo haría cualquiera.