Tenía tanto qué decirte, que las palabras se amontonaron en mi garganta, y ya no pudieron salir.
Tenía tanto qué escucharte, que ninguna llamada pudo compensar lo irremediable, y te marchaste.
Tenía tanto qué preguntarte, que apenas ordené mis interrogantes, y no supe por dónde empezar.
Tenía tanto qué responderte, que mis explicaciones fueron vagas, e insuficientes.
Tenía tanto qué enseñarte, que ni tiempo me dio de preguntarte si lo sabías, si creías que te gustaría.
Tenía tanto qué aprenderte, que te admiré de más, y me perdí entre tu encanto.
Tenía tanto qué pedirte, que me quedé con ganas de todo, y de ti.
Tenía tanto qué entregarte, que te ofrecí a manos llenas, y te empalagaste de mí.
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viernes, 17 de noviembre de 2017
domingo, 18 de diciembre de 2016
Te odio.
Me llamaste, y el arrepentimiento te hizo colgar. No entiendo por qué permito que eso me afecte; pero el cuestionamiento se nubla cuando recuerdo quién eres tú.
No sé con qué propósito apareces de repente, y generas un caos. No entiendo por qué después huyes y finges que nada pasa. No entiendo tus motivos, pero te odio.
Te odio porque me importas.
Te odio porque todavía te pienso.
Te odio por cómo eres.
Te odio porque me gustas.
Te odio por tu intermitencia.
Te odio por tu fascinante personalidad.
Te odio porque te alejas.
Te odio por tu inteligencia.
Te odio porque aún estás.
Te odio porque te fuiste.
Te odio porque no vuelves.
Te odio porque, aún después de todo, lo que más odio es no estar contigo.
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