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domingo, 25 de junio de 2017

No eres tú, soy yo.

No eres tú, soy yo. Soy yo que me alejo, y me gusta volver de pronto. Soy yo que te tengo, y me gusta perderte un poco.

No eres tú, la incondicional; la que me escucha, la que me acompaña aún cuando estoy lucha. 

No eres tú, soy yo. Soy yo que me desquicio; soy yo, porque eso de huir se me ha vuelto ya un vicio.

No eres tú, la que insiste; la que existe aún cuando me enojo o cuando estoy triste.

No eres tú, soy yo. Soy yo que no quiero arriesgarme; soy yo, porque he aprendido a no a desgarrarme.

No eres tú, la que me quiere; la que me abraza y me defiende de aquel que me hiere.

No eres tú, soy yo. Soy yo que no quiero confiar; soy yo, porque todo lo que he hecho ha sido fallar.

No eres tú, soy yo. No eres tú la que quiero. Soy yo quien se va. 

sábado, 29 de octubre de 2016

Instrumento desechable

Entre un montón de pelusa. Ahí lo dejaste; vacío, gastado, sin batería. Usado, mal aprovechado, roto. Me costó trabajo mirarlo entre escombros y palabras que ahora son inservibles. 

Quise pensar que era un mal sueño, que no era verdad el desastre ante mis ojos; pero entonces te perdí la fe. Eso era lo que había entre nosotros: fe acumulada.  Fe de la que te ciega a la razón, de la que termina por hacerte pedazos el corazón. 

Parece exageración decir que lo usaste, que fue tu trampolín. Sin embargo, me atrevería a decir que quererte fue como un malvavisco, un antojo, un mal vicio. 

Te entregué un cachito de mi ser en una caja, y te sugerí hacer lo que mejor te pareciera con él, porque confiaba en tu juicio; la sorpresa me la llevé cuando lo utilizaste solamente en tu propio beneficio. 

Me arrepiento por creerte, por dejarte ser tanto para mí; por pensarte más allá de lo que eras, de lo que era yo para ti. Y ese fue el problema: pensar que eramos algo. 

Ante la apariencia y la formalidad,  lo fuimos. Ante la memoria y la honestidad, jamás. Un instrumento desechable, que ahora ya no te funciona más.