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martes, 17 de noviembre de 2020

Volví a escribir I

Volví a escribir. Aunque ahora no estabas. 

Volví al lugar en el que he estado tantas veces.

Volví al sitio donde me han visto nacer.


Volví a escribir. A saciar mis dedos con las teclas.

Volví a buscar rimas donde sólo hay tinieblas. 

Volví a encontrarme en el mismo papel. 


Volví a escribir. Porque el silencio también condena. 

Volví para zafarme de estas cadenas. 

Volví porque siempre es la mejor manera de curar las penas.


Volví a escribir. Y esta vez no eras poesía. 

Volví porque una hoja en blanco es, para mí, la mejor guía. 

Volví aunque la tristeza esta vez dormía. 


Volví a escribir. A sanarme de la felicidad. 

Volví a ensuciarme de la soledad. 

Volví por simpatía o por necedad.


sábado, 20 de agosto de 2016

Entrega suicida

A veces uno se aferra; a su propio bienestar, a su propia razón, a sus intereses. Y otras,  la condescendencia invade nuestras decisiones, con el afán de no ser tan cruel con el otro.

Pero ¿a quién le importa? Parece que da lo mismo, parece que el egoísmo es una cotidianidad. Por más que uno quiere compartir con alguien, a veces la tolerancia no existe; nos gusta que no exista. 

El problema es cuando a uno le interesa más que al otro. El problema es cuando uno entrega más que el otro. El problema es cuando uno empieza a fijarse en esas cosas. Pero es inevitable. 

La necedad humana es parte del fracaso. La inseguridad y la forma tan obstinada de ser nunca son casualidad. Siempre habrá formas de justificarse; el problema es si alguien te lo cree. 

La entrega es un riesgo, es una decisión; casi como un suicidio a mitad del arcoíris. La entrega es un vacío y un espacio. Un poquito de todo a la vez.