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jueves, 8 de diciembre de 2016

Gracias

No creía en eso de que "el tiempo pasa volando", hasta que te conocí. Fue poco el tiempo que pudimos compartir,  realmente, a pesar de que siempre estuvimos ahí: uno al lado del otro; y aún así, sé que te echaré de menos. 

Para todos fue novedad mi interés en relacionarme contigo; para nadie fue secreto que nos entiendimos. Desde el principio supe que eres de alma buena; de esas que todavía encienden la luz.

No fuimos nada fuera de «lo normal», pero estoy convencida de que no la pasamos nada mal. Nos faltaba tiempo para platicar; nos falta, y nos seguirá faltando...

Tu risa sincera resuena entre nuestras fotos; como si el momento se repitiera una y otra vez entre nosotros. Tu inteligencia, tu paciencia, tu sensatez, tu perspicacia, tu espontaneidad, y tu introversión, son mi amnesia y mi sentencia; lo que siempre me gustó de ti.

Hoy te vas, y puede que volvamos a vernos. O tal vez no. La incertidumbre es testigo de nosotros, de mí. Gracias por haber llegado a mi vida; gracias por permitirme estar ahí; gracias por darme un motivo más para escribir. 



sábado, 3 de diciembre de 2016

Quiero escribir(te).

Quiero escribirte y que me falten las letras. Quiero escribirte y que las páginas sigan quietas. Quiero escribirte a base de muecas. 

Quiero escribirte sobre los párpados antes de dormir. Quiero escribirte y que dejes de sentir ganas de huir. 

Quiero escribirte como lo hacen los poetas; entre risas y con las manos quietas.  Quiero escribirte hasta que ya no haya tinta; aunque parezca que se ha acabado la cinta. 

Quiero escribirte una noche, y que la leas al amanecer. Quiero escribirte sin que me tengas que pertenecer. 

Quiero escribirte, y me dejas sin palabras. Quiero escribirte, y de pronto te acabas.

Quiero escribirte historias de las que ya casi nadie cuenta. Quiero escribirte, y no hay necesidad de que mienta; porque quiero escribirte hasta que mi corazón ya no sienta.  

viernes, 2 de diciembre de 2016

Existes en mí todavía. Siempre.

Las personas llegan a nuestra vida y a veces nos toman por sorpresa. Así llegaste tú. Hablar, y encontrarnos en cada conversación es un regalo que guardaré en mi memoria; saberte en la simpleza y en la complejidad, en lo cotidiano, en la causalidad. 

Me regalas fotos, me regalas risas; me regalas páginas bien escritas. La brevedad es condena y ventura entre nosotros, es motivo de nuestra gravedad; y de la levedad de tu sentir.

El tiempo nos mide, y no al revés. Encontramos palabras sin usar, convergemos entre miradas. Los retratos nos hacen eco, nos dejan perpetuidad ante las prisas.

Eres compañía de ratos cortos, pero duraderos; de momentos verdaderos. Somos cómplices de una foto sin descripción; de una historia, de una ilusión.

En apariencia lo somos todo; la realidad es que seguimos volátiles, inhábiles. Interpretarnos al mirar es nuestro pasatiempo, y concretar metáforas se convirtió en especialidad.

Los recuerdos no bastan, ni se gastan. Existes en mí todavía; existes,  aunque quizá mañana ya no estés.


sábado, 29 de octubre de 2016

Instrumento desechable

Entre un montón de pelusa. Ahí lo dejaste; vacío, gastado, sin batería. Usado, mal aprovechado, roto. Me costó trabajo mirarlo entre escombros y palabras que ahora son inservibles. 

Quise pensar que era un mal sueño, que no era verdad el desastre ante mis ojos; pero entonces te perdí la fe. Eso era lo que había entre nosotros: fe acumulada.  Fe de la que te ciega a la razón, de la que termina por hacerte pedazos el corazón. 

Parece exageración decir que lo usaste, que fue tu trampolín. Sin embargo, me atrevería a decir que quererte fue como un malvavisco, un antojo, un mal vicio. 

Te entregué un cachito de mi ser en una caja, y te sugerí hacer lo que mejor te pareciera con él, porque confiaba en tu juicio; la sorpresa me la llevé cuando lo utilizaste solamente en tu propio beneficio. 

Me arrepiento por creerte, por dejarte ser tanto para mí; por pensarte más allá de lo que eras, de lo que era yo para ti. Y ese fue el problema: pensar que eramos algo. 

Ante la apariencia y la formalidad,  lo fuimos. Ante la memoria y la honestidad, jamás. Un instrumento desechable, que ahora ya no te funciona más. 

sábado, 8 de octubre de 2016

Quisiera

Quisiera poder soltarte sin que duela. Quisiera desearte lo mejor sin pensar en que pudimos serlo nosotros, pero no quisimos; realmente no quisimos. Quisiera poder darte todo el amor que me queda en un gesto, en una palabra, en un "hasta luego". 

Quisiera pensar distinto, quererte distinto; ahorrarme los malos ratos, y haberte besado más. Quisiera pensarte lejos sin que me tiemble el pecho; quisiera ser valiente como los demás. 

Quisiera no hablarte en participio, quisiera hablarte de todo lo que fuimos al principio. Quisiera regalarte mis enojos, mis intenciones; quisiera seguir dedicándote canciones. 

Quisiera que te vayas y no me olvides, pero tampoco me gustaría ver que tu recuerdo me persigue. Quisiera que estés bien sin mí, quisiera entender por qué tengo que alejarme de ti.

Quisiera guardarte en una caja. Quisiera sentir que tu mano y la mía todavía encajan. Quisiera decirte que en verdad te quiero, y que aunque te vayas, eres lo mejor que me pasó en el mes de enero. 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La belleza de lo simple

De repente, en algún momento de vacío, todos buscamos consuelo en la belleza. Nos gusta pensar que hay algo que nos puede complacer, que nos sacará de esa inmensidad a la que no vemos sentido, pero de la que no podemos salir.

Pensar en "belleza" es, inevitablemente, buscar adjetivos, poner etiquetas. Pero, ¿se ha dado cuenta de que cuando lo intenta, busca siempre etiquetas con bonito tono? Sí, normal.

Pensar en "belleza" es buscarle esquinas a todo, poner muros entre significados, y darle un nombre que nos ayude a describir. Pero a veces la belleza está sólo aquí, en un pedazo de papel manchado de tinta. A veces la belleza es sólo un momento que parece simple, pero que nos regala un poquito extra.

La percepción nos engaña, y le da vida a lo bello; pero, ¿por qué hay quien adora las hojas secas crujiendo en el piso, habiendo tantas frescas sobre las ramas? Porque han aprendido a darle sentido a eso que pocos toman en cuenta.

La cotidianidad nos envuelve en una espuma de lo que ya conocemos, de lo que dejamos de apreciar; nos dirige a la costumbre, y nos va debilitando el asombro, algunas veces.

Es por eso que dejamos de notar que la belleza puede aparecer en la risa de un extraño, en el sonido de tus pasos, o en un asiento vacío. La belleza es más que una buena foto, más que una linda voz, más que una canción que a todos les gusta.

La belleza es lo que te transmite, lo que te asombra, lo que te motiva. Belleza es lo que no habías visto antes, lo que quieres volver a ver. Belleza es abrir los sentidos, y dejarse atrapar sin sentirse preso.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Sabor a sal

La sal me recuerda a ti, inevitablemente. Me obliga a llamarte entre sucesos, para sentir cómo te resbalas y acaricias mis mejillas. Esta noche me sabe a sal, me sabe a que ya no estás. 

La sal es a la comida, lo que tu presencia es a mi vida; es sazón, es sinsabor, es ardor en los poros abiertos, y sanación en las heridas sin cerrar. Eso eres, cuando quieres. 

Eres sabor a sal cuando se hace de noche, cuando me sumerge la embriaguez en mis lágrimas. Eres la sal cuando pruebo a sorbos tu ternura; eres la sal cuando doy un trago amargo a mi tequila.

La sal eres porque mejoras cada sensación en mi paladar; porque me haces gesticular cuando te tengo en exceso; porque me he acostumbrado a saber siempre a ti.