Mirarte es como mirar el horizonte: tan pleno, tan volátil.
Tus manos sujetándome se convirtieron, poco a poco, en una metáfora de lo que fue.
Nuestro amor crecía pero asimismo se escapaba de entre nuestros dedos.
Los días que parecían interminables ahora pasaban sin previo aviso.
Ya no te inmutabas por mi melancolía. Ya no te importaba porque sabías que pasaría.
La rutina, nuestras discusiones, el sinsentido de cada lágrima que derramé...
Cada vez que te pedí que me escucharas. Cada vez que fuiste tú quien tuvo la razón.
Cada disculpa vacía por orgullo.
Cada momento en el que simplemente pasó.
La magia existía. Pero poco a poco se nos acababan los trucos.
Quizá olvidamos que sólo funcionaba si estabámos los dos.